miércoles, 9 de agosto de 2017

Pelegrina

Selena*, una joven latinoamericana
de apacible semblante,
rasgos estilizados y melena rubia,
está sentada  
a la entrada de su improvisado hogar
cubierto con una amplia tela gris a modo de toldo
junto a un cajero automático. 
Viste camisa blanca impoluta y todas sus prendas
cuelgan primorosamente de las cuerdas 
que marcan el perímetro de su habitáculo. 
Pide limosna para comprar algo 
que llevarse al estómago y para la lavandería,
porque no soporta que la ropa huela mal.
No es una indigente al uso,
su aspecto cuidado y maneras delicadas
se hacen patentes hasta en el modo en que permanece sentada:
la postura evoca a la del monumento a la sirenita de Andersen en Copenhague.
En medio de su situación desesperada
ella prefiere creerse -como ella misma dice- una "pelegrina"del mundo,
igual que cuando se iba de joven con su mochila de excursión a la montaña
y así, esta realidad le parece más digerible, más provisional.
A esta hora solo piensa ya en que acabe el día:
poder aplacar un poco el estómago
y "echar el toldo" hasta mañana.

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*Selena. Nombre ficticio


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