jueves, 30 de marzo de 2017

El letrero de salida

Por tanto, aquella niña nunca vio morir
a ninguna de sus mascotas;
Tan solo desaparecían así, de su vista, de un día para otro,
o se esfumaban en el aire por arte de magia.
El fallecimiento* de su abuelo paterno
-cuando contaba 11 años-
fue el adusto encargado de señalarle por vez primera el desangelado letrero
de SALIDA de los confortables dominios de la infancia.
Poco después,
cuando la fuga de su pájaro y la muerte de su querida abuela,
le "invitaron" a abandonar definitivamente aquellos confines,
la niña supo, por una extraña razón que solo conocen los desterrados,
que aquella patria chica nunca regresaría.

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 *El 21 de diciembre, el día de su fallecimiento, como sus padres estaban en el entierro, tuvo que acudir sola a la fiesta de fin de curso para recitar de memoria dos complicados poemas ante un público extraño -como si nada  pasara-. 

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