jueves, 28 de julio de 2016

Contornos y sonidos I

Contornos y sonidos
de aquellas tardes en casa,
interminables, adorables,
plagadas de juegos infantiles y de fondo siempre el ruido incansable
de la máquina de coser 
que hacía volar mi madre para entregar los encargos a tiempo
mientras nosotras -a su lado-
jugábamos a ir a la compra con el dinero imaginario
que ella nos ponía en la mano.
Y pasábamos las horas jugando a las cocinitas,
y a colocar aquellos vestiditos
-primorosamente por ella fabricados-
a la "Nancy", a la "Lesly" y
al "Barriguitas".


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martes, 26 de julio de 2016

Aromas que traen de vuelta

Los aromas que traen de vuelta
a mi abuela:
la manzanilla, la lavanda y la canela


viernes, 15 de julio de 2016

Guijarros invisibles

Y volvió atrás,
para poder seguir adelante.
Lo insoportable del dolor
hacían -del presente-
un lugar intransitable,
desolador.
El futuro no tenía solución de continuidad a partir
de aquella terrible realidad...
Así que volvió la vista
hacia los años
de la infancia, la adolescencia,
su primera juventud luchadora.
Sintiéndose fruto irrepetible del amor entre sus padres,
ella, sacó fuerzas.
Y halló los guijarros invisibles
que la llevarían de vuelta
a casa,
a una casa que encontrándose igualmente vacía,
estaba llena,
de sentimientos olvidados, sensaciones frescas de antaño...
Y recuperó esa sonrisa,
el hecho y el sentido de estar en el mundo,
que hasta hacía bien poco carecía de sentido,
de un solo sentido.
Ahora circulaba por carriles de doble dirección,
de idas y venidas...
Recorrerlos,
reorientó
el rumbo lejos
de la inercia -que tristemente- impone
el duelo.

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martes, 12 de julio de 2016

Una verdad irrefutable

En una noche de verano
de esas en las que
el cielo abre el telón
para representar el formidable espectáculo de 
las Perseidas,
el patio de la casa del pueblo
se convierte entonces en el patio de butacas perfecto.
Para contemplar tan genuinamente veraniega
exhibición estelar 
la familia toma asiento
al aire libre
Con la mirada concentrada
en el infinito y deseando pronunciar la frase
"he visto una".
Que se hace esperar,
Y de pronto, va pasando saltarina de boca en boca.
Hasta que llega el turno del pequeño M.,
quien tras haber presenciado el acontecimiento
se levanta y empieza a correr extasiado por el perímetro del patio
con los brazos en alto y las manitas abiertas llenas de júbilo.
Entonces se para en seco frente a su abuela
Y exclama con la convicción propia de quien acaba de presenciar un milagro:
"¡¡¡¡Abuela, las estrellas están vivas!!!! Safe Creative #1701310484632

Mudanzas

De vuelta a la carga
de buscar casa, tras un tiempo récord en una misma zona
de confort.
Buscar de nuevo hasta debajo de las piedras.
Dos Santos me fueron propicios
en los anteriores traslados:
En San Ginés, estuvo la preciosa casa del cambio.
En Santiago
mi hogar durante cinco años.
Pero ahora, en San Millán, me ofrecían un húmedo y sombrío
sótano;
en Santa Isabel, un piso para vivir de medio lado.
En Espíritu Santo, unos tabiques de espanto.
tampoco cuajó la buhardilla en San Eugenio,
y el bunker de San Andrés -fue inmediatamente descartado-;
Tampoco hubo suerte con el de San Isidoro de Sevilla  
y deseché visitar el de San Ramón Nonato,
solo porque el nombre me catapultaba
a aquellas estampitas que
me colaba mi suegra de antaño en el bolso
mientras yo llevaba el dolor escrito a doble cara
por mis seres queridos
que no llegaron a puerto.
Al final, cuando los ánimos de encontrar algo
empezaban a decaer, un general* me salió al paso,
y yo, enseguida, le eché el lazo.
Y me dije ¡sea vive Dios! 
que en este -mi- nuevo rincón
divinamente me hallo.

*General muerto en 1817 en el patíbulo por la Constitución.

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viernes, 8 de julio de 2016

Esperando la hora

Es solo media tarde y María* solo espera la hora de la cena.
Sentada junto al resto de comensales -que también aguardan-
en pequeños y sórdidos satélites-mesa repartidos por la sala de asistidos
de una residencia de ancianos.
-"Yo es que me quiero ir a mi casa"-prorrumpe María con voz suplicante.
-María no te puedes ir porque va venir la cena, -aplaca una auxiliar
desde el otro extremo de la sala, mientras maneja sin descanso la grúa 
que transporta al aseo a un incesante goteo de residentes en silla de ruedas.
María habla sola. En su cabello seco y recio apenas hay restos de un tinte que en su día tuvo carácter hegemónico.
A veces, solo para llamar la atención, María da voces en tono lastimero.
Y si hay suerte y consigue atraer la atención de alguna visita, entonces ella agarra con fuerza el brazo de quien se le acerca y le dice con gran pena:
-Sabe usted, es que se me ha muerto mi madre, ¡y qué voy a hacer yo ahora sin mi madre!
Yo lo que quiero es irme a mi casa...
María va siendo calmada de nuevo por la auxiliar,
que continúa anunciándole la llegada de la cena.
A María tan solo le cabe la espera de la hora cierta
de la cena, mientras llega la hora incierta
de su definitiva marcha.
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*María: Nombre imaginario


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