miércoles, 10 de mayo de 2017

Tata: la foto de principio y fin

La foto en blanco y negro
está tomada
junto a la puerta de la casa familiar de la novia
-en cuyo dormitorio principal acaba de celebrarse la ceremonia-.
La joven esposa, -y su ya flamante marido-,
posan junto a cinco de sus seis hermanos;
El sexto, es el encargado de inmortalizar el instante
con la cámara.
Para ser un día de finales de diciembre
hacía un sol deslumbrante, tanto, como para convertir
al astro en responsable
de los extraños gestos en las caras
de todos los hermanos. 
Los pequeños, miran a la cámara desolados
y los mayores, incapaces de aguantar la mirada,
muestran un semblante cabizbajo.
La foto revela, en apariencia, que se trata de un día festivo.
Pero en el fondo
hay poco que celebrar:
la extrema gravedad del padre de la novia
ha obligado a celebrar la ceremonia dentro de la casa,
y la terrible pena que les produce a todos
separarse abruptamente de su querida "Tata",
hace que el ambiente de consternación 
sea más propio de un velatorio
que de una boda,
pues la novia abandonará el pueblo esa misma tarde
para empezar una nueva vida junto a su
marido en la capital.


 

viernes, 21 de abril de 2017

El limonero

Cuando el sol se hace fuerte
en el perímetro acuartelado del patio,
el murmullo de las abejas
se vuelve incesante, siendo su frenética actividad
la que pone sonido al limonero;
Florecido y afrutado a un tiempo,
el generoso arbolito
se encuentra a pleno rendimiento en esta época del año.
Los limones grandes y maduros
de las inalcanzables ramas,
contrastan con frutos de tamaño diverso y color
repartidos por las distintas áreas 
de frondosidad.
Las llamativas flores ponen el toque
de aderezo y perfume.
Y, cuando el viento recorre con paso agitado las ramas,
siempre hay un fruto maduro que exhala un ploff
en su inesperado encuentro con la tierra firme.

Safe Creative #1704211861854

martes, 18 de abril de 2017

Mirando al cielo

Desde su banco de madera
ella contempla el cielo
-a esta hora de la tarde-
intentando escudriñar la noche que hará.
Su banco lo es todo: salón de estar, cocina, aseo.
En la cabecera tiene apoyado un carro de la compra con
todas sus pertenencias -bien protegidas por un plástico-,
y, debajo del asiento, a todo lo largo, guarda
bidones de agua y un barreño. Todo estratégicamente colocado; ningún objeto sobresale del perímetro de su hogar.
En un lugar como Madrid, 
la temperatura puede bajar drásticamente hasta 10 grados de golpe.
Pero, a pesar de que ella no tiene forma de conocer con antelación el tiempo,
ha logrado adaptarse -sobre la marcha- a las inclemencias que trae cada estación.
El frío es para ella -en alguna medida- combatible y el calor, soportable;  Su mayor enemigo, la lluvia.
Cuando alguien se acerca para donarle ropa o enseres,
ella siempre rehusa -cortésmente- el ofrecimiento:
"No gracias, tengo ya muchas cosas".

jueves, 30 de marzo de 2017

El letrero de salida

Por tanto, aquella niña nunca vio morir
a ninguna de sus mascotas;
Tan solo desaparecían así, de su vista, de un día para otro,
o se esfumaban en el aire por arte de magia.
El fallecimiento* de su abuelo paterno
-cuando contaba 11 años-
fue el adusto encargado de señalarle por vez primera el desangelado letrero
de SALIDA de los confortables dominios de la infancia.
Poco después,
cuando la fuga de su pájaro y la muerte de su querida abuela,
le "invitaron" a abandonar definitivamente aquellos confines,
la niña supo, por una extraña razón que solo conocen los desterrados,
que aquella patria chica nunca regresaría.

-----------------------------
 *El 21 de diciembre, el día de su fallecimiento, como sus padres estaban en el entierro, tuvo que acudir sola a la fiesta de fin de curso para recitar de memoria dos complicados poemas ante un público extraño -como si nada  pasara-. 

Safe Creative #1703301330973

viernes, 24 de marzo de 2017

Mascotas (tercera parte)

La mascota por antonomasia
que durante más tiempo
tuvo aquella niña,
fue un vivaracho verderón, llamado Currichi,
regalado por su abuela paterna cuando era casi un bebé
y que la acompañó hasta que cumplió catorce años.
La desaparición del pájaro fue inesperada.
Un repentino y accidental golpe
acaecido junto a la jaula,
espantó al pájaro de tal manera,
que, tras un fuerte aleteo, salió disparado a través de unos barrotes de la jaula
que estaban dados de sí.
La niña creyó que el pájaro regresaría
enseguida al escuchar sus llamadas,
desde los frondosos árboles que había justo enfrente de la terraza.
Silbó y lo llamó hasta quedarse sin aliento
una y otra vez, incluso durante los días siguientes.
Pero todo fue en vano: Currichi nunca volvió.
Incluso probó a dejar alpiste y agua como reclamo
en varios puntos exteriores de la terraza,
pero siempre acudían otros pájaros a darse el festín y luego se
marchaban.
La mayor inquietud que sobrecogía esta vez a la niña
era pensar que no sobreviviría allá afuera por sus propios medios
después de tantos años domesticado.
Aunque sus padres la consolaban
diciéndole que al fin

había conocido la libertad
y que, al menos, no había tenido que vivir el doloroso momento de encontrárselo muerto un buen día dentro de la jaula.


 Safe Creative #1703311357496 

martes, 21 de marzo de 2017

Mascotas (segunda parte)

Tras varios años de sequía mascotil
llegó un pollo teñido de rosa,
al que la niña, de nueve años cumplidos,
llamó Pinky -por razones obvias-
y López, en atención a la línea materna de su propio apellido.
El pequeño pollo
hizo un largo viaje en autobús desde Cantabria
escondido en el abrigo de su joven dueña
para evitar ser interceptado y confiscado por la señorita Rottenmeyer 
que dirigía las colonias de verano*.
Una vez en casa,
el animalito fue ubicado en la terraza,
donde no tardó en picotear cada planta
y escarbar con ahínco la tierra de las macetas.
Desde el minuto uno, la niña creyó conveniente
que Pinky aprendiera a volar por seguridad,
para que, en caso de accidente,
sobreviviera a una terrible caída desde un cuarto piso.
El entrenamiento consistía en dejarlo descender
suavemente desde la palma de su mano al suelo
aumentando cada vez la distancia
de manera progresiva.
Pero la temida caída no se hizo esperar.
Por suerte, el pollo estaba ya lo suficientemente entrenado
en las artes volatorias y salió ileso del percance;
Aunque la niña tuvo que arrebatárselo a los chicos que lo habían encontrado en la calle
y que pretendían quedárselo,
pero, tras el irrefutable picotazo de alegría
que propinó el pollo a la niña en el labio,
los niños se apresuraron a devolverlo de inmediato.
Después de aquello Pinky López estaba empezando a perder
el tinte de sus plumas, esto es, a crecer vertiginosamente,
y, de un día para otro, desapareció.
La versión oficial facilitada en este caso
también tuvo que ver con que Pinky habría sido llevado a una paradisíaca granja,
y de nuevo la niña pensó en el idílico país de los pollos.
Pero lo cierto es que, la escabechina que acontecía en la terraza a diario
con las macetas patas arriba
y el suceso de la caída y el posterior picotazo en el labio (aún perceptible al cabo de los años)
que podía haber sido en el ojo...
fueron determinantes para que sus padres pensaran
en pasar a prescindir del pollo a perpetuidad.
 
--------------------------
*Colonias de Cóbreces. Prácticamente dos de cada tres niñas habían adquirido aquél verano, a precio de saldo, un pollo teñido de algún color para llevárselo escondido de vuelta a casa a fin de evitar que fuera interceptado y confiscado durante el viaje.

Safe Creative #1703311354136

lunes, 6 de marzo de 2017

Mascotas (primera parte)

Aquella niña nunca vio morir
a ninguna de las mascotas que la acompañaron
durante su infancia.
El primero en aparecer en escena
cuando ella contaba cinco años,
fue un precioso y suave conejo blanco.
Pero, repentinamente, "Copito" desapareció
de un día para otro.
Según la versión oficial, apta para todos los públicos,
un vecino se lo había llevado a una finca
que tenía en el campo.
Y la niña, aunque triste por la terrible pérdida,
se consolaba imaginando que su blanco amiguito
viviría en el país de los conejos y que podría saltar
y correr a sus anchas en compañía de sus congéneres.
Según la versión real, digerible solo para padres,
el conejo estaba creciendo a ojos vista,
y empezaba a ser un gran problema en un piso pequeño.
Y sí, un solícito vecino se lo había llevado,
pero para hacerse con él un exquisito guiso.


Safe Creative #1703081073961