lunes, 16 de octubre de 2017

Ropa de cama (segunda parte)

Ella esperó
a que las voces se alejaran suficientemente
por la escalera hacia la planta baja.
Después se fue directa al armario de la limpieza,
sacó un par de guantes y unas bolsas 
de basura gigantes
-donde cupiese toda aquella asquerosa situación de mierda-
y se puso a tirar aquel preciado juego de cama
estampado 
junto con el pijama y todas las prendas -de su hasta ahora marido-
que iba encontrando. 
A la hora prevista recogió a sus dos retoños del colegio;
por el camino, en el coche, les dijo que su padre 
no volvería más. 
Una vez en casa cerró la puerta tras de sí.
Aquella noche, y las siguientes, durmió en el cuarto de invitados.
Prefería verse ahora como huésped
de un hogar
donde habitó un ser egoista y sin escrúpulos 
que le dejaba como regalo, aparte de los niños,
de los que, por cierto, nunca quiso volver a saber nada,
una vida hecha pedazos.

Dedicado a S. M. 


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sábado, 7 de octubre de 2017

Ropa de cama (primera parte)

Cuando S., que regresó a casa antes de lo previsto de un congreso,
sorprendió a su marido en la cama con otra,
su primer impulso fue cerrar de golpe la puerta
del dormitorio
para quitar de sus ojos aquella horrible visión
(de esas que luego se graban en la retina).
Al cabo de cinco segundos la volvió a abrir
pensando que todo habrían sido imaginaciones suyas,
pero nada más lejos:
allí estaba la cama deshecha,
la ropa tirada por fascículos
en dirección al lecho,
y los ruidos y voces delatando
al infiel y compañía,
que habían corrido a refugiarse en el baño.


Dedicado a S. M.
 
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jueves, 5 de octubre de 2017

Ojo por Ojo, en femenino

En femenino,  el dicho "ojo por ojo"
no es otro que: 
"Hoja por hoja
(de un buen libro)
y muela por muela"
(del juicio).



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miércoles, 4 de octubre de 2017

Parajes

Cuando ella llegó por primera vez allí,
disfrutaba al máximo del dulce tacto
de la verde y mullida hierba bajo sus desnudos pies
que recorrían exultantes
aquél recién descubierto paraíso.
De pronto, una montaña dantesca
se alzó abruptamente en mitad del idílico paisaje.
Y tuvo que estarse muy, muy quieta un tiempo
para lograr despistar a una muerte
que, habiéndole arrancado ya la mitad de sus preciadas entrañas,
rondaba a la otra parte que le quedaba:
una Vega diminuta, de puro frágil casi transparente
que, sin embargo y contra todo pronóstico,
fue creciendo fuerte
frente a la muerte
que se alejó, porque nada pudo.

Ella iba y venía cada día por caminos
estrechos y empinados, con la dulcísma
Vega siempre en mente, hasta que se le permitió regresar
a casa con ella en su regazo.
Pero, una vez a salvo,
le aguardaba el interminable tránsito por los inhóspitos y afilados riscos de las pérdidas.
Unos endurecidos pies cobijados ahora
en un calzado, serían los encargados
de seguir pisando aquella montaña del duelo sin descanso.
Que ella solía recorrer concienzudamente
de arriba abajo,
de lado a lado, en círculos
ya fuera de día o de noche, ya hiciera frío o calor.
Porque hubo aún otro trayecto tan doloroso si cabe como aquél
anterior, que devolvió su cuerpo de nuevo a un estado puro de penumbra por semejante vacío,
sobre unos pies cargados
de impotencia.
Busquemos en otros caladeros
no tan profundos ni lejanos;
hallaremos fondos azules y límpidos;
nos sorprenderá la brisa
y, en el momento menos pensado,
recobraremos de nuevo la sonrisa.
 

(DEDICADO a Mar F.)

martes, 29 de agosto de 2017

Abotonaduras

Relucientes abotonaduras
pajizas
destacan sobre el interminable
y agostado traje
recién cortado,
que yace sobre el suelo castellano manchego.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Pelegrina

Selena*, una joven latinoamericana
de apacible semblante,
rasgos estilizados y rubia melena,
está sentada  
a la entrada de su improvisado hogar
cubierto con una amplia tela gris a modo de toldo
junto a un cajero automático. 
Viste camisa blanca impoluta y todas sus prendas
cuelgan primorosamente de las cuerdas 
que marcan el perímetro de su habitáculo. 
Pide limosna para comprar algo 
que llevarse al estómago y para la lavandería,
porque no soporta que la ropa huela mal.
No es una indigente al uso,
se hace patente su aspecto cuidado y maneras delicadas
hasta en el modo en que permanece sentada:
la postura evoca a la del monumento a la sirenita de Andersen en Copenhague.
En medio de su situación desesperada
ella prefiere creerse -dice- "una pelegrina del mundo",
como cuando se iba de joven con su mochila lejos de excursión
y así, esta realidad le parece más digerible, más provisional.
A esta hora solo piensa ya en que acabe el día:
poder aplacar un poco el estómago
y "echar el toldo" hasta mañana.

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*Selena. Nombre ficticio


jueves, 13 de julio de 2017

Silencio

De entre los silencios mas comunes
que emergen
de la ausencia de bullicio,
del cese de ruido,
de la reflexión, de la meditación,
de la soledad...,
prefiero aquél otro que existe
en medio de un paraje
y que hace presa enseguida
por venir de la quietud y de la calma.
Es tan envolvente su caricia
que hasta se respira,
porque -solo una vez que inunda el ser-
lo pone a salvo.

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